viernes, 6 de octubre de 2017

Semidivina





Semidivina. Primera parte  

El Alto Egipto, en época del Nuevo Imperio reflejó desconcierto cuando aquel día soleado, se formó en el cielo una densa nube arrojando sobre las calles adoquinadas y de barro bolas de granizo impulsadas por un repentino e impetuoso viento, malogrando cosechas, el adobe y la paja de casas labriegas, azotando árboles y todo cuanto en camino encontraban. Hiriendo a campesinos, artesanos en sus quehaceres viales y a criaturas que jugaban a ver si ganaban al hambre. Lugares de la isla convertidas en rampas heladas. Gélidas esferas que arribaron hasta donde descansaban inertes una hilera de gigantescas figuras de piedra caliza y granito,  protectoras Esfinges de rostro femenino y cuerpo felino dando la bienvenida por el empedrado y cuidado acceso que conduce al palacio  de Abasi.

La isla Elefantina nunca anteriormente la sintieron tan vengativa.

La ignorancia, en especial el miedo pasmaron  corazones de miembros de la nobleza, artesanos, el ejército, a los trabajadores privilegiados, siervos  y esclavos. Ellos y el resto de súbditos en solitario unidos, oraban socorrida plegaria a los dioses para que el embrujo se convirtiera en agua llegando al delta del Nilo.

El agua pronosticó el fin de una figura semidivina que hasta último suspiro controló la vida del Alto Egipto en base a su sistema de creencias de inmortalidad, jerárquicas y políticas.

¡Había fallecido! Buena parte de la isla se alegró en tristeza y cabeza gacha, los restantes  desconfiaban del inesperado suceso y por otro lado del nuevo sucesor.

Una vez despedido de su esposo la Gran Esposa Real, el sacerdote funerario con la máscara de Anubis dio paso al ritual de momificación. Se recitaron hechizos mágicos con litúrgicos ceremoniales. Inclusión en la tumba de valiosos y hermosos objetos, con mobiliario que llevaría el muerto para disfrute en su otra vida. Asimismo se adjuntó a la tumba una vasija de terracota cincelada con bellas figuras aladas, dentro colocaron un grueso pergamino enrollado de exquisita belleza e ilustraciones de esmerada calidad; "El Libro de los Muertos," libro de oraciones para que el rey supiera rezar en el juicio por su buen reinar en obras y acciones realizadas en vida.

Al que vivió siendo faraón Abasi fue dejado en la necrópolis de El Valle de los Reyes a la espera  que vinieran a buscarlo para su juicio final, el acontecimiento más importante y trascendental para él. Entretanto su espíritu aprende a orar.  

Continuará....

Mila Gomez.