viernes, 15 de enero de 2016

El niño Berto





Cuando María y yo volvimos en vida a coincidir en el pueblo de Lagunas, siendo ella una rica dama casada con otro hombre y yo, su enamorado capataz por el que María sintió amor, y que, mantuvimos una relación amorosa que ocasionó tantos errores que afectaron a unos cuantos, conocimos a muchas personas de las cuales algunas, de una manera u otra vincularon sus posteriores vidas a las nuestras. Uno de ellos fue un pequeño llamado Berto, su historia de entonces es la siguiente: 


Siglo XVIII en el pueblo de Lagunas.

     La fuerte lluvia bañaba el pequeño cuerpo de Berto, las gotas resbalaban por la cara, y se mezclaban con las lágrimas de un inocente niño de siete años. Su carita miraba al cielo implorando un socorro, se detenía, y volvía a aporrear la puerta que abría su casa, suplicando. 

     - Mamá, mamá… ábreme por favor, quiero entrar, llueve mucho. 

     La cantinela la repetía sin cesar mientras su cuerpecito se lavaba y aspiraba los mocos. Aterido de frío temblaba. 

     Un poco más fuerte y Berto hubiera podido derribar la cochambrosa puerta de su humilde hogar. No entendía por qué su madre le castigaba de tal manera cuando le parecía, si  creía no hacer nada para disgustarla. Sobre todo se le hacía extraño, que cuando en la noche si él no dormía y su padrastro, quería jugar y gemir de aquella forma tan extraña con ella, también le echara a la tenebrosa oscuridad de la noche, como hoy, en la que se sentía calado hasta los huesos. 

     Luego piadosamente y como si le acabaran de salvar la vida, la madre lo dejaba entrar, y el padrastro le obligaba a trabajar en su almacén de harina, amasando pan, o limpiando las palanganas, el caso es que siempre tenía las manos metidas en obligaciones. 

     Esa noche impetuosa Berto no quiso esperar a que su madre le abriese, se sentía verdaderamente mal. Salió corriendo en busca de un refugio, una casa amiga que le amparase. Hundiendo sus diminutos pies en los charcos llegó a la gran mansión iluminada.

     María lo acogió por esa noche, le calentó, alimentó y dejó que durmiese en blancas sábanas. Al día siguiente lo llevó a su hogar almacén y se enfrentó a la perpleja pareja. Amenazó que si volvía a ocurrir los desalojaría de las tierras y se quedarían sin trabajo y sin hijo. Ella era dueña de sus propiedades. 

     Ahora van con más cautela, madre y padrastro castigan a Berto de formas menos llamativas, y con graves amenazas si cuenta algo a doña María.  

     Un día su niñez se reveló e hizo una travesura con la harina, el padrastro vio una “Gran” desobediencia, y una inestimable pérdida de dinero que restregó al niño vociferando. Agarró a Berto por los cabellos y le puso boca abajo sobre sus rodillas, le destapó las nalgas y soltó su ira en las blancas carnes. Con el cinturón de cuero, y la hebilla descascarillada que utilizó para hacer un corte a una de las nalgas de Berto. El niño aulló de dolor, la inocencia se acabó y empezó a razonar como haría un mayor sin pasar por ser niño. Berto a partir de ese día  se creyó, que no valía para nada, tantas veces se lo escuchó a su madre y padrastro, que al final resultó ser su realidad. 

     Temeroso e insociable  fue su comportamiento fuera y dentro de su hogar almacén,  en dudosa espera de recibir otro golpe por hacer lo que no debía. Así pasó niñez, juventud y parte de su madurez. Finalmente el padrastro murió y se permitió conquistar a una de las solteronas del pueblo, que lo aceptó por no quedarse para "vestir santos". 

     Berto se casó con la sensación de no estar haciendo lo correcto, seguía temiendo hacer las cosas del revés, incluso haciendo los mejores panes del pueblo. 

     En su hogar almacén seguía viviendo su madre, con su agrio carácter y empinando el codo a escondidas. Nuera y suegra enfadadas con la vida y descargando  frustraciones a sus maneras; ¡Qué casualidad que las recibiera el hombre niño de la casa! 

     Berto murió un lluvioso día, sintiendo que no había merecido la pena haber vivido.

Hoja del diario de; "Un viajero en el tiempo"

Mila Gomez.

Para leer la siguiente vida de Berto. Clica Aquí.